Hace diez años, si le preguntabais a alguien qué buscaba al comprar un piso, la respuesta solía ser bastante predecible: precio, metros, localización y quizás la cercanía al metro o al colegio. El confort térmico, si acaso, aparecía como una nota al pie —algo agradable de tener, pero no determinante.
En 2026, esa respuesta ha cambiado de forma notable. Esta nueva perspectiva no ha surgido de golpe, no de un día para otro, sino acumulada por años de facturas energéticas crecientes, veranos que se alargan y una conciencia colectiva de que vivir con calor o con frío extremo durante meses no es solo una incomodidad, es una condición que afecta a la salud, al rendimiento, al sueño, a la calidad de vida en el sentido más literal del término. El mercado inmobiliario, que siempre acaba reflejando lo que la gente valora de verdad, lo está notando.
El dato que cambia la conversación
El informe «La sostenibilidad en la demanda de vivienda en 2025», elaborado conjuntamente por Fotocasa y Solvia, puso sobre la mesa una cifra que hace unos años habría parecido exagerada: el 78% de los compradores de vivienda en España estaría dispuesto a pagar más por una vivienda sostenible. Tres de cada cuatro compradores que no lo hacen como declaración de intenciones ambientalistas, sino como decisión económica concreta basada en el ahorro a largo plazo, la calidad del ambiente interior y, sobre todo, el confort térmico.
La misma investigación identifica cuáles son los elementos que más peso tienen en esa disposición a pagar: el aislamiento térmico en primera posición, seguido de la iluminación natural y las ventanas de alta eficiencia. No tanto la domótica, no los paneles solares en el tejado, pero si el aislamiento, la capacidad de que la vivienda mantenga una temperatura interior estable sin que el termostato tenga que trabajar sin parar. Algo que en la mayor parte del parque inmobiliario español, construido antes de que existieran normativas de eficiencia, sigue siendo una asignatura pendiente.
Qué ha cambiado en la forma de buscar vivienda
Las tendencias inmobiliarias de los últimos tres años apuntan en una dirección muy clara. Fotocasa lo resume bien en su análisis del comprador de 2026: «Los compradores ya no solo priorizan los metros cuadrados o los servicios cercanos; ahora también cuenta el confort térmico y la seguridad climática.» Century 21 España va un paso más allá y señala que la calidad del aire interior, el aislamiento acústico y la regulación térmica han pasado de ser criterios secundarios a tener «peso real en la percepción del comprador».
Lo que subyace a este cambio es sencillo de entender cuando se miran los números: el coste de refrigerar o calentar una vivienda ineficiente en España ha crecido de forma sostenida en los últimos años, y los episodios de calor extremo —como los cuatro que ha vivido España en el verano de 2026— hacen que ese coste sea especialmente evidente. Una vivienda con calificación energética E o F no es solo menos sostenible. Es más cara de habitar, más incómoda durante los meses extremos, y, según los analistas del sector, cada vez más difícil de vender o alquilar a medida que la normativa europea avanza hacia estándares más exigentes.
El dato lo aclara bien: solo el 1,1% del parque inmobiliario español tiene calificación energética A, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Lo cual significa que el 98,9% restante, cuando el termómetro sube de 35 grados durante semanas seguidas, trabaja en condiciones para las que no fue diseñado.

Terrazas, jardines y orientación: el entorno también cuenta
El confort térmico no se limita al aislamiento de las paredes. En los últimos años ha emergido una comprensión más amplia de qué hace que una vivienda sea cómoda durante todo el año, y en ella tienen un papel central los espacios exteriores, la orientación y el entorno inmediato.
Fotocasa lo documentó en su análisis del comprador actual: terrazas, balcones y jardines han pasado de ser un «extra» decorativo a convertirse en un factor decisivo de compra. No solo porque permiten disfrutar del exterior sin salir de casa, sino porque una terraza orientada adecuadamente y rodeada de vegetación puede reducir de forma significativa la temperatura percibida en el interior, sin necesidad de climatización mecánica. Y una vivienda con jardín privado en un entorno costero, con brisa atlántica natural, tiene condiciones de habitabilidad que ningún sistema de aire acondicionado puede replicar de la misma manera.
Aquí es donde los proyectos de obra nueva en Cantabria tienen una ventaja estructural difícil de ignorar. No solo ofrecen los estándares de eficiencia energética que exige el Código Técnico de la Edificación vigente —muy superiores a los del parque de segunda mano—, sino que se construyen en un entorno donde el propio clima actúa como regulador natural. La brisa del Atlántico, las temperaturas costeras que raramente superan los 28 grados incluso en el verano más extremo de la serie histórica, el verde permanente que rodea cada promoción en primera línea de playa: todo eso forma parte del confort térmico de la vivienda, aunque no aparezca en el certificado energético.

Por qué la obra nueva es la respuesta más directa
Cuando se habla de confort térmico como criterio de compra, la obra nueva en Cantabria tiene una posición clara. Una vivienda de nueva construcción sometida al CTE vigente incorpora desde el primer día estándares de aislamiento, carpintería, ventilación y eficiencia que una vivienda de los años 80 o 90 solo puede alcanzar con una rehabilitación integral de coste considerable. Y la Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios está poniendo fechas concretas a ese proceso: obligación de calificación mínima E para 2030, D para 2033.
Lo que significa, en términos prácticos, que comprar una vivienda de segunda mano con calificación F o G hoy no es solo una incomodidad presente: es una obligación de inversión futura que el mercado ya está empezando a descontar en los precios.
En Milton Homes, como promotora inmobiliaria en Cantabria, desarrollamos nuestros proyectos en Suances y en Somo precisamente con esta perspectiva: viviendas que cumplen los estándares actuales y anticipan los del futuro, en un entorno donde el confort no es una prestación técnica sino parte del paisaje cotidiano. Porque hay viviendas que son eficientes en papel. Y hay viviendas donde la eficiencia y la calidad de vida son la misma cosa.
Referencias
- Century 21 España. (2026). La sostenibilidad como criterio de compra en vivienda.
- Fotocasa y Solvia. (2025). La sostenibilidad en la demanda de vivienda en 2025. Citado en Fotocasa Life
- Fotocasa Research. (2026). Los españoles huyen del calor: sube hasta el 36% el porcentaje de los que buscan vivienda lejos de las altas temperaturas.
- Fotocasa Blog Profesional. (2026). En 2026, los compradores de vivienda buscan bienestar.
- Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) / Brainsre. (2026). Citados en Infoconstrucción: La rehabilitación energética de viviendas acelera en 2026 por la presión normativa y el ahorro económico.